domingo, 26 de mayo de 2019

21/05/19 Política, democracia y corrupción

En la clase analizamos la política, la democracia y la corrupción según las tesis escritas por Enrique Dussel. El autor tiene una visión muy interesante sobre cómo acotar la política y utilizarla instrumentalmente.
 Enrique Domingo Dussel Ambrosini es un académico, filósofo, historiador y teólogo de origen argentino, naturalizado mexicano. Él propone que todos los/as latinoamericanos/as somos ciudadanos, somos toda la comunidad política. A veces se llega a pensar que la política es algo sólo de algunas personas, de las "dominantes", los diputados, jefes de gobierno, etc. En realidad, la política es de todos/as. Debemos ser activos/as en este campo.
 Nos remontaremos a la definición típica/tradicional o más difundida de política. La política es el ejercicio del poder, dicho poder se basa en la dominación. Aquí es donde se destruye la política.
En realidad, el poder cabe en la comunidad de política y el pueblo, no en el Estado.
 En primera instancia, tenemos objetivos comunes: la voluntad de vivir. Luego, sigue la legitimidad, esto es el consenso y la participación de todo el pueblo. El pueblo debe consensuar para lograr la legitimidad, de forma simétrica. Consiguientemente el poder de la comunidad política crea instituciones, es decir, los medios por lo cuales se pueden cumplir los objetivos de la política. A su vez, se eligen representantes. La democracia tiene un brazo de instituciones representativas. Otro brazo son las instituciones participativas. Es necesario tener las dos partes articuladas. Sin embargo, la política que naturalizamos acentúa las instituciones representativas, mientras que, las participativas son omitidas.
 Las instituciones del Estado son delegadas. Es el pueblo quien da el poder al Estado para que lo ejerza en su lugar u obrar en representación suya. Se debe hacer el poder en nombre del pueblo. Sin embargo, muchas veces, esos representantes se creen autoridad del pueblo. Se olvidan que el pueblo fue quien los eligió y están en ese lugar para cumplir las funciones que el pueblo le delegó. Se convierte en un poder obedencial. Ahora es el pueblo quien tiene que obedecer.
 Aquí es donde el autor habla del fetichismo en el poder. Se cree sede del poder.
 Se habla de tres maneras de instituciones: a) materiales, b) de legitimación, c) de factibilidad y c) política. Debemos entender que la política es un servicio, en el cual la obediencia debe ser de parte de los gobernantes y no del pueblo. Aquí es donde comenzamos a hablar de la corrupción del poder, donde se obliga al pueblo a obedecer.
El poder obedencial es igual a mandar obedeciendo. Los nuevos mandatos y/o democracias desarrollan en la praxis este tipo de poder. Sigue amenazando nuestro presente.
 Entonces, la comunidad política somos la totalidad de la población, todas/os pertenecemos a ella.
Nos une un objetivo común, la voluntad de vivir. Para ello debemos consensuar un representante en el cual delegar ese objetivo común para que no haya caos entre nosotras/os mismos. Es necesario llegar al acuerdo del consenso voluntario. La comunidad política delega el poder porque no queda otra solución. Este consenso es el que crea las instituciones. Éstas son: a) de representación, sólo son un medio material para cubrir las necesidades de la sociedad; y b) de participación, esta institución sirve a una necesidad de otro tipo. Mediante estas instituciones se supone debería ser el pueblo quien corrobore que las actividades se estén llevando a cabo correctamente. Sin embargo, es el Estado quien las controla porque se cree sede del poder. Así, el poder de las instituciones se vuelve fetiche y poder obedencial.
 Dussel utiliza dos términos diferentes para hablar del poder. Llama "potentia" al poder en la comunidad política y "potenza" al poder en las instituciones  basadas en la obediencia.
 La potenza corrupta tiene, al mismo tiempo ciertas consecuencias: en primer lugar, la legitimidad perdida. Ésta ya no se encuentra en el pueblo, siendo así, el Estado busca la legitimidad perdida por fuera del pueblo. Como por ejemplo el FMI, mediante de los medios de comunicación o prácticas  culturales, etc.

 Ante el descontento del pueblo se debe disuadir la participación política. Se debe desalentar la movilización/ participación popular. Si aún así logran organizarse contra el poder fetichizado éste reprime a las/os ciudadanas/os.







 Otra de las consecuencias son los partidos políticos. Cuando el Estado pierde legitimidad, es decir, cuando el pueblo ya no se siente representado por él, se buscan otras alternativas de poder. Estos otros partidos políticos lo saben, saben que los necesitan y que entre ellos se elegirá a alguno que demuestre competencia para cubrir las fallas del gobierno de turno.
 Además de las susodichas consecuencias se encuentran los movimientos y corrientes internas. Éstas también quieren un cuota de poder . Pelean por sus cuotas dentro de la estructura de poder. No preguntan al pueblo qué es lo que necesitan sino más bien compiten entre ellos en vez de unirse al enemigo común.
 Después de ellos siguen los movimientos populares, que buscan las migajas del Estado.
 Por último de las consecuencias y la más dolorosa, el silencio del pueblo. Las frases de "yo en política no me meto, son todos/as unos/as chorros/as", "¡¿para qué vas a ir a poner el cuerpo?! si te cagan a palos y encima no lográs nada" "A mi me da igual lo que hagan las/os políticas/os, yo igual tengo que seguir levantándome a las 6:00 am y tengo que seguir trabajando todos los días" "mirá esos que salen a las calles, no tienen nada que hacer, son unos/as vagos/as". Así como estas frases muchísimas más. (Cualquier parecido con nuestra realidad política es mera casualidad) FMI, gases lacrimógenos, persecución política, ilegitimidad, tarifazos, ajustes, etc.
 En conclusión, lo que nos propuso el autor es una noción diferente de poder, en la cual la política tal cual la conocemos, se invierte. La política, en su esencia es un noble ejercicio. El Estado no se debe olvidar de la voluntad popular y basarse en los intereses particulares sino que debe respetar el consenso del pueblo y obrar de manera que nos sintamos representados, siendo la Patria y no una colonia la que está gobernando.
Siempre hay esperanza, debemos luchar por la Patria juntas/os y organizadas/os. Vamos a seguir luchando en las calles, aunque a Macri y sus secuases no les guste. ¡¡¡Hasta la victoria siempre!!!


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